"Al Jesús que llego hace unos años se le hubiese partido el corazón; abandonándolo a su suerte en una jungla atravesada por carreteras. Hoy late al mismo compás que últimamente: lento, al ritmo de estas calles, donde todo seguirá igual. De todas formas si algo pasase nadie se enteraría" Malviviendo
El semáforo de verde pasa a rojo, y los carros se afilan al borde de una cebra descolorida, el tic tac empieza a correr, 60 segundos de stop en la vida de los que tienen que llegar a algún lado.
Ellas salen de algún otro lado y se paran al otro extremo de la cebra, sacan las clavas y las pelotitas con asombro, como si fuera el primer semáforo del día, pero no lo es: son las 6 pm, la oscuridad que se empieza a avecinar hace que su acto se dificulte, restándole precisión, el tic tac sigue y ellas lo conocen bien: 40 segundos de acto y 20 de recorrido por las ventanas de los autos.
Las pelotitas pasan de mano en mano y se lanzan girando sobre su propio eje y parabólicamente a las manos de la otra chica, el reloj biológico, o la exactitud que tienen les dice que es la última vuelta en la serie de malabares. Es hora de dividirse los autos. Corriendo a prisa, haciendo una seña de "todo bien" en las ventanas, ir hasta el fondo, donde nadie las vio.
El semáforo está en verde, joder, hacerse a un lado, regresar a la raíz del semáforo. Dos minutos en ese tic tac.
La luz roja vuelve y con ella, las 2 chicas vuelven a salir de la nada, como si se fueran a otro lugar en la transición de amarillo a rojo. Pero ahí están en un cara a cara con los parabrisas, y todo vuelve a empezar. Y ellas como si nada, Ponen la misma cara de asombro, como si fuera su primer semáforo de la vida, como si hace dos minutos desde las ventanas nadie les hubiera escupido indiferencia. Firmes, radiantes y vivas.
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