I
¿Sabes? Creo que corrí por tu vida, dejando a la deriva la mía.
Te asfixié, mientras me faltaba aire para gritar mis historias.
Estamos a 12 horas, pero esa distancia se mantendrá.
No sabré a qué saben tus atardeceres, ni tus besos al medio día.
Tus abrazos, esos que soñé anudados a mi espalda, no serán.
Por hoy preferiré abrazar mi guitarra y cantarte una canción más.
Porque a veces eras una noche estrellada, y otras un domingo en la tarde.
Si te preguntaras, ¿Qué tan ciertas eran mis palabras? Diré que fuiste mí verdad.
Esa verdad que me obliga a escribir, a hacerte eterna. Diré que fuiste combustible para este motor.
Latido a latido, paso a paso, calma a calma. Estabas ahí, y hoy por vos vuelvo al juego, a la feria de los recuerdos a vender historias, ¿y vos? Claro, la respuesta es clara, haces parte de la sección de cuentos cortos que al final se recuerdan más que los largos.
II
Hoy pasé por la tienda de sombreros, imaginé que podía dejar un pensamiento en cada sombrero que me probaba. Así, lo que pienso de vos, se iría en cada persona que se lleve un sombrero. Me probé tantos sombreros que va a llegar un día en que a todo Medellín nos dé por pensar en vos... o al menos a los jubilados.
III
La voz que no escuché, la tierra que no pisé, tu risa que imaginé. Hoy es mejor.
La Ciudad pasa mientas miro por la ventana, el café no se enfría. Hoy es mejor.
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