lunes, 14 de octubre de 2013

Divagaciones del Café



Procrastinar nunca estuvo mal, ahora lo hago mientras miro como la puerta se cierra.

No es que  quiero que se cierre, pero es que me duele tanto.

En cambio hay otras que están llenas de palabras y andenes (sabes que me gustan mucho las palabras y los andenes) . Son esas, las de siempre, esas que no tienen nombre, que me gustan bien abiertas, que no saben ni exigen protocolos, al fin y al cabo así me gusta la vida.

Y al final siempre  están las entradas (no puertas) que nunca se cierran y  hoy por hoy las quiero bien grandes, para poder meter de a pocos los sueños, canciones, palabras... en fin, las historias.

Nunca entendí cómo ser dos siendo uno. Al final tengo sólo la certeza de que el café me gusta cargado y sin azúcar. Sólo eso.

Bienvenida a la vida de esta noche, hay muchas luces para embriagarse, no eres Jesús para cargar cruces y menos puertas a espaldas, Sal a caminar y comprende la vida, sal a caminar y  mira el coqueteo de los semáforos que guiñan sus luces, las putas que se venden, el centavo para el peso, el ser sólo uno y saber que eso es lo realmente importante.

Nunca estuvo de más procrastinar, nunca estuvo de más andar.