miércoles, 5 de febrero de 2014

Miércoles de revancha

-(M.J) No te hagas el güevón que vos no lo sos.
 -(F) Si vos y yo no somos nada.

Así empezamos o empezaste ese madrugada caminando por la 70 luego que te dieras cuanta que yo soy un fracaso en la salsa, al principio yo no hice nada, al fin y al cabo te creía muy madura y exitosa para el estudiante de segundo semestre de Ingeniería al que siempre habías visto borracho en los pocos encuentros en el teatro que tuvimos. Donde el único gesto bonito que había tenido fue el día de la fiesta de fin de año que te conté totalmente borracho al pie de la letra el final del cuento que habías contado.

 Luego poco a poco las distancias se fueron acortando y ya éramos esa pareja dispareja que según nuestros amigos “nos veíamos bonitos” y entre conversaciones largas en el teléfono (debo confesar que me había acostumbrado a esperar todas las noches tu llamada y contarnos el día, hablar de libros, política y siempre terminar chismoseando) nos fuimos abriendo y te fuiste dando cuenta que no era tanto el “niño” que vos pensabas y yo me di cuenta que no eras la mujer fuerte que pensé que eras desde el principio, y también te diste cuenta que poco a poco me empezabas a gustar cada vez más y empezaba a dejar de ser el que nunca pensó nada serio de eso, lo digo por los viajes a contar en Sevilla, Valle. Donde viejos amigos se emborrachaban yo estaba dormido para madrugar para ir a Cali  y  de ahí coger el primer bus para llegar a verte.

 Ahora recuerdo que gran parte de las llamadas eran peleas bobas que ahora me río y que nos cuertieron de una manera, que al final siempre hubo fantasmas que no pudimos espantar.

 Conocí de vos, me presentaste a tu familia, me invitaste donde tú tía, fui a recogerte a tu trabajo, uno que otro domingo lo pasamos en tu casa, me llamabas para contarme que estabas bien cuando salías de fiesta con tus amigos, me acompañaste a todas mis funciones, me ayudaste a ensayar, me pasaste libritos, nos emborrachamos, te lleve por el mal camino de los bares baratos y el milo caliente esos domingos en los que llegabas empapada a mi apartamento, fuiste la única que sabía del cambio de carrera y me apoyaste desde el principio, me dejaste tirado otras cuantas ( y yo a vos), que nos acostumbramos al genio del otro, que al final vos te habías convertido en parte importante para mí y yo para vos… después de tantos meses quién lo creyera: la periodista de la Pontificia de los mil logros se había encarretado con el cuentero (ese que vos pensabas que contaba para tener a las viejas detrás, al fin y al cabo nunca conté para eso)

 Recuerdo la vez que me dijiste Te amo y yo te dije “estás borracha parce, ve diles a tus amigos que te cuiden, tómate algo y mañana hablamos con más calma” no pensé que llegaras a eso, después de todo me había acostumbrado a lo poco protocolario que era lo nuestro.


Qué rápido que pasó el tiempo y aún no recuerdo cómo o por qué fue que se terminó todo, pero recuerdo bien la llamada en donde todo se terminó, en donde ya no estaba contando, ya había cancelado semestre y vos eras la única razón por la que seguía aquí. Nunca pensé que vos me hicieras correr hacía otra ciudad, en donde estaba solo en La Soledad, pero al fin y al cabo me sirvió para saber que me tenía a mí, que me admiraba y que yo también había logrado todo, que mi vida era mía y no eras vos.


 Hace mucho tiempo que no hago el ejercicio de escribirte y ya para qué hacerlo, los sentimientos están muertos, pero hoy me acordé por casualidad que ya pasaron dos años desde aquel “Vos qué pretendes, no te hagas el güevón” y de la misma forma hace una semana que volviste a querer hablar y hace unos días regresé de ese mismo lugar al que fui para no saber de vos, esta vez para saber de mí. Y después todo que pasamos y que he pasado creo que estoy curtido de tantas cosas.


 Todo lo pasado ha servido para lo que hoy se vive, ¿Sabes? Ya no soy ese niño que pensabas que era, ese que vivía agitado por conseguir sus cosas, ahora más que nunca me admiro, porque veo atrás y veo todo lo que he logrado, también tengo mis éxitos, mis aprendizajes, mis teatros llenos, los viajes, y aún más cosas que están por delante y que presiento.

 Hoy ya camino con más calma, respiro y espero. Nada ha pasado en vano y ahora me la juego por mis cosas. Ojalá vos estés bien. Si alguna vez volvieras a llamar, te diría que todo marcha bien, que hay fuerzas (más que nunca) y que hoy después de todo, tengo mi revancha.

1 comentario:

  1. Hace mucho tiempo no te leía... ¿para qué si todo estaba muerto? Creí que las peleas y los sentimientos se habían convertido en "jartera" de hablar conmigo. Siempre me alegró que estuvieras bien y sigo me siento orgullosa de haberte apoyado en la que fue, creo, una muy buena decisión. Buen café y buen caminar para vos (MJ)

    ResponderEliminar